Judith García Aura
A María Juana el hambre la obligó a viajar a la ciudad de México y protestar desnuda en el Monumento a Cuauhtémoc. Es su primer viaje con el Movimiento de los 400 Pueblos y aunque no conoce la historia ni tampoco los motivos de la lucha, los 500 pesos que le ofrecieron fueron una buena razón para seguirlos.
Ella es peona, como muchas mujeres en el pueblo de Chichicoaxtla, ubicado en el municipio de Tihuatlán, en Veracruz. María Juana, al igual que su familia trabajan las tierras desde que tienen memoria. Pero, los 50 pesos que recibe por día, es poco para mantener a sus cuatro hijos.
La mujer morena no se siente apenada por mostrar los 90 kilogramos de peso, durante tres veces al día, porque es –explica- una lucha contra la represión. “La señora Alfonsina es una de las líderes de la organización, nos dice que es peor que estemos desnudas de justicia que de trapos”.
“¿Cómo reacciona la gente? Alguna es muy agresiva. Nos gritan: “¡Pinches guevonas! ¡Pónganse a trabajar! Y yo les digo: Pues, estamos trabajando. ¿Qué no ven?”.
Otros son perores, ofensivos: “¡Feas! ¡Qué asco! Nosotras nos tenemos que aguantar. Te da sentimiento y nos hacen sentir mal. Esa gente de autos bonitos qué va a entender el hambre que padecemos”.
Sentada en un pequeño banquillo, María Juana se arrepiente de haber seguido el mitin de protesta. “Mis hijos están solitos. El mayor tiene 18 años y la más chica nueve. Les dejé 200 pesos para la comida hace diez días y seguramente ya se les acabó el dinero”.
La mujer de 43 años, comentó que hace tres semanas, Alfonsina llegó a su casa y le ofreció 500 pesos para acompañarlos a esta protesta. Sin embargo, 300 pesos le cobraron de pasaje de ida y vuelta, y los doscientos pesos restantes se los dejó a sus hijos.
Indicó que cuando no posan en el monumento se dedican a pedir apoyo entre los automovilistas. “La mayoría de la gente es buena, te dan uno o hasta diez pesos. El dinero se lo damos a Alfonsina y ella lo utiliza para comprar las cosas para hacer la comida”.
Los comentarios de la mujer eran escuchados de cerca por algunos de sus compañeros. Sólo cinco minutos más dura la conversación con la campesina. Un par de mujeres intervienen y piden a la extraña que se vaya. Las únicas autorizadas para platicar eran Judith y Alfonsina, integrantes del Movimiento.
En esta ocasión, los más de 400 manifestantes demandan servicios al gobierno federal: agua potable, luz, pavimentación… Los resultados de las negociaciones, los dirigentes los mantienen ocultos.
“No sabemos, no nos dicen nada. Sólo cuando nos tenemos que mover a algún lado al momento nos juntan y dicen que hay que presionar aquí o hay que manifestarnos acá”, cuenta Cristina.
A ella, otra de las nuevas en esta caravana, le dijeron que el apoyo sólo duraría un par de días. “No traje más que un cambio de ropa y mire llevamos más de diez días y no hay para cuando regresarnos”.
Entre los cientos de campamentos, está Estela, quien en los últimos cuatro años protesta desnuda para que le titulen sus tierras.
A pesar de que el Monumento a Cuauhtémoc está resguardado en algunos momentos por granaderos, las mujeres no se intimidad ni les preocupa que sean retiradas por la fuerza. “Eso lo hemos vivido muchas veces, así que a estas alturas nada nos asusta”.
La mujer de 27 años –aunque por las arrugas en su rostro y cabello cano, aparenta tener lo doble de edad- se siente orgullosa de seguir a su esposo en esta lucha contra lo que llama gobiernos opresores.
El cuerpo de Estela es tan delgado que hasta se pueden contar el número de huesos que tiene, pero aún así, seguirá quitándose la ropa, porque de otra forma –dice- “por las buenas ninguna autoridad entiende”.
La mayoría de os manifestantes se dedican a la agricultura cosechando sus tierras o trabajando para algún hacendado.
En uno de los extremos del campamento, en una manta de la delegación Cuauhtémoc se lee: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Ahí, a unos metros, las mujeres lideresas Judith y Alfonsina, rodeadas de costales de cebollas y verduras que les regalan de la Central de Abasto, explican entre llantos la persecución que y el despojo de sus tierras, protestan por el incumplimiento de las autoridades en la compra de diez mi hectáreas y amenazan con no ceder.
“Supuestamente –reseña Alfonsina- el gobierno había destinado recursos etiquetados y a la mera hora no nos dieron ni un quinto. En esta ocasión, no nos pensamos mover de aquí hasta que nos resuelvan. Ahora no vamos admitir más papelitos. Los resultados los queremos constantes y sonantes”.
Ninguna de las dirigentes sabe cuándo se fundó la agrupación ni los nombres de las comunidades que las integran, pero afirman que no cederán porque luchan contra el despojo que sufrieron hace más de trece años y contra las represiones de las últimas administraciones del estado de Veracruz.
La prensa veracruzana señala a esta organización –encabezada por César del Angel Fuentes- como especialista en la invasión de tierras y como un grupo de choque a la venta del mejor postor.
Su protesta inició en la ciudad de México con la demanda de juicio político contra el exgobernador Patricio Chirinos y Miguel Angel Yunes, ya que –según sus versiones- de 1992 a 1998 ordenaron despojos de tierras y detenciones masivas sin causa justificada.
Luego exigieron el cumplimiento de los acuerdos de restitución de tierra que firmaron durante la administración de Carlos Salinas de Gortari. Pero, ninguno de los siguientes gobiernos aceptó cumplir con el convenio.
En enero de 2002, descubrieron que las protestas tenían mejores resultados si los hombres y las mujeres se desnudaban. Desde entonces regresan a la ciudad de México dos veces al año para hacer alguna nueva petición, además de la demanda de titulación de tierras.