ENTRE DIOS Y EL PSIQUIATRICO

Judith García Aura

Con la advertencia de que "el diablo anda con impunidad por el mundo", sacerdotes católicos han impuesto el toque de queda en algunas poblaciones de Querétaro y Veracruz. Cada semana, entre una y tres horas, feligreses y párrocos armados con cruces, agua bendita y biblias esperan en las iglesias la llegada de alguna persona que manifieste señales de posesión satánica.

A pesar de que el Vaticano prohíbe que la práctica de los exorcismos sea difundida para evitar que el ritual se considere como una acción mágica o supersticiosa, en regiones apartadas de nuestro país se ha convertido en parte del folclor.

De acuerdo con la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), en esas tres entidades se realizan anualmente un promedio de 80 exorcismos, tanto simples -efectuados por el párroco de la localidad- como mayores -donde participan sacerdotes especialistas-. Mientras que en el Distrito Federal se realizan alrededor de cinco cada año.

Los exorcismos, precisa la Iglesia católica, se hacen cuando una persona cumple con uno o todos los requisitos de una posesión: hablar o entender lenguas desconocidas, demostrar más fuerzas de lo normal y aversión hacia las imágenes sagradas.

El poseído es llevado hasta la iglesia y entre gritos, convulsiones y maldiciones inicia el ritual, en medio de una multitud que le rocía agua bendita por todo el cuerpo.

Comienzan los cantos, se recitan los salmos, oraciones de suplica, de perdón, se implora, y si eso no funciona, los sacerdotes tienen permitido el uso de oraciones imperativas: "¡Expúlsalo!", "En tu nombre, yo lo expulso en este momento..."

En páginas de internet como Corazones.org se encuentran detalles sobre los pasos para exorcizar a un demonio; en geocities.com/exorcízate o exorcismo.info se indica paso a paso los 16 ritos para combatir las posesiones. El exorcismo, explican sacerdotes, es una antigua y particular forma de oración que la Iglesia emplea contra el poder del diablo.

Para la Arquidiócesis Primada de México, en la lista se debe incluir todo lo que ha contaminado los valores, como la desintegración familiar, el aborto, la homosexualidad, el crimen, así como a todos aquellos que buscan salud, dinero y amor a través de la magia, el esoterismo o la lectura de cartas.

Para la grey católica en la ciudad, la situación es tan grave que no son suficientes los ocho exorcistas autorizados por la Santa Sede, uno por vicaría, que hay para atender a los ocho millones de capitalinos, ya que el culto hacia la Santa Muerte, la hechicería, la asistencia a reuniones espiritistas, el juego de la ouija o el esoterismo trastornan la mente de las personas, pero también dejan la puerta abierta para que entre el demonio.

La Arquidiócesis asegura que los mil 700 sacerdotes están preparados para hacer exorcismos y recobrar los valores familiares. "El bautismo es un exorcismo menor, pero lo es". Aunque los laicos -conocidos como auxiliares de la liberación- participan en este rito, ellos no pueden ser exorcistas.

Sin embargo, los párrocos no se sienten tan seguros de terminar con la delincuencia, los asesinatos, la violencia, el narcotráfico, la discriminación o el homosexualismo entre la población a través del sacramento del bautismo.

Reconocen que ahora su papel se centra en reactivar la unión familiar, la cual era la primera escuela de la fe, la que apoyaba e impulsaba las celebraciones litúrgicas y la que difundía los valores.

Ahora, dicen, las cosas han cambiado y la población se mueve bajo la lógica de "dime cuánto tienes y cómo vives y te diré cuánto vales". La mujer y el hombre tienen que salir a trabajar para satisfacer las necesidades básicas y la familia se desintegra.

Mientras que para la Iglesia católica las sanciones son un asunto serio, para los estudiosos de las religiones los llamados exorcismos urbanos o culto a la sugestión forman parte de una estrategia para atraer feligreses.

Elio Masferrer, presidente de la Asociación Latinoamericana para Estudios Religiosos, sostiene que la Iglesia católica está copiando las prácticas exitosas a los evangélicos para ver si consigue mejorar su posición entre su feligresía.

"No estoy seguro de que el cardenal Norberto Rivera Carrera vaya a resolver la crisis dentro del mundo católico con estas cosas. Es complicado. Si usted va a los templos católicos de esta ciudad, no hay nadie... bueno, gente de la tercera edad con sus nietos. Entonces, la crisis de la Iglesia está dura".

A manera de ejemplo, menciona las estadísticas que en el 2005 realizó su institución para medir el movimiento de los católicos. En ese tiempo, indica, hubo dos millones y medio de registros de nacimientos y sólo un millón 900 mil bautizos, un millón 200 primeras comuniones y un millón 18 mil confirmaciones.

Entonces, en definitiva, al final de la adolescencia sólo la mitad de los mexicanos católicos ratificó su compromiso con la Iglesia católica, añade.

En la Encuesta Nacional de la Juventud, el 82 por ciento de los mexicanos de entre 12 y 29 años dice ser católico, pero según el censo de población del 2000, el 88 por ciento de los mexicanos era católico. O sea, en cinco años se cayó al 6 por ciento del total.

Del 88 por ciento de los jóvenes católicos, el 39 por ciento dice que es practicante y el 49 por ciento dice que no lo es.

Además, la parálisis y la crisis en que se encuentra la Arquidiócesis se conoce hasta por los católicos más comprometidos. Entonces, incluso a muy altos niveles de la Iglesia católica, se dice abiertamente que la Iglesia en este arzobispado está muy mal.

En este sentido, Masferrer afirma que hay un sector de la población que cree en los personajes satánicos y en las posesiones, por lo que hay una demanda considerable de exorcistas en la Iglesia católica.