(Primera de tres partes)
Judith García Aura
Millonarias cuentas en dólares y en pesos, bienes inmuebles,
coches lujosos y joyas contradicen la pretendida imagen del hombre dedicado al
mundo espiritual, que aparentaba ser Guillermo Schulenburg Prado, durante su vida,
y lo retratan como un hombre de carne y hueso, más preocupado por el disfrute
de las comodidades y bienes en este mundo terrenal.
Guillermo Schulenburg Prado, último abad de la Basílica de Guadalupe,
fue un ministro religioso controversial que en vida siempre respondió con
evasivas a los señalamientos que se le hicieron de ser un hombre inmensamente
rico.
Schulenburg Prado solía defenderse de esos cuestionamientos
con argumentos tales como "un intento de demeritar la absoluta honestidad
con la que se manejó el comité de construcción de la Basílica " y "un
párroco en una buena parroquia tiene emolumentos más importantes de los que yo
tuve siendo abad de la
Basílica ".
No obstante todos sus esfuerzos para negar sus bienes, hoy
se sabe que Guillermo Schulenburg Prado falleció en 2009, siendo un hombre
acaudalado, que dentro de su fortuna personal poseía inmuebles, coches lujosos
y cuantiosas sumas de dinero, en pesos y en dólares, en diferentes cuentas
nacionales y extranjeras.
* SU ORIGEN HUMILDE
Hijo de padre alemán y madre mexicana, Schulenburg nació en
el año de 1916 y perdió a su progenitor a los 12 años de edad por lo que tuvo
que trabajar como empleado y vendedor ambulante en Alemania, hasta que ingresó
al Seminario Conciliar de México en 1930.
Fue nombrado Abad Secular de la Insigne y Nacional
Colegiata de Santa María de Guadalupe, por el Papa Juan XXIII cargo al que
renunció el 6 de septiembre de 1996, convirtiéndose en Abad Emérito y
Protonotario Apostólico.
A Schulenburg se le atribuyen la promoción y coordinación de
distintas obras siendo la más importante la construcción de la Nueva Basílica de
Guadalupe.
Dentro de la
Conferencia del Episcopado Mexicano, cuando influyentes
miembros le cuestionaron el manejo de los cuantiosos recursos que obtenía de
los fieles la Basílica
de Guadalupe, Schulenburg se defendió argumentando que no tenía posibilidad de
manejar con libertad todo ese dinero que ingresaba al recinto religioso.
En 1996 Schulenburg puso en duda la existencia de Juan Diego
y, en consecuencia, las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Cerro del Tepeyac, lo
que enardeció en su contra los ánimos de la jerarquía católica.
A raíz de esas desafortunadas declaraciones que le
retrataban, por lo menos como un hombre ingrato, su buena estrella comenzó a
irse en picada y culminó con su salida durante la gestión de Norberto Rivera
Carrera, como arzobispo primado de México, quien en distintas ocasiones ya
había criticado el manejo de los recursos en la Basílica de Guadalupe.
* UNA GREY MUY GENEROSA
Schulenburg se mostró reacio para hacer comentarios acerca
de la comercialización de la imagen de la Virgen de Guadalupe, argumentando que no quería
pensar mal del arzobispo Norberto Rivera ni de las nuevas autoridades de la Basílica que le sustituyeron.
No obstante, reconoció que dentro de los fieles que
contribuyeron con sus limosnas y aportaciones se encontraban desde las personas
más humildes que acuden como parte de las multitudinarias peregrinaciones,
hasta los políticos más encumbrados y hombres de negocios.
* ALGUNOS DE SUS BIENES
De acuerdo con el testamento 34 mil 364, otorgado ante el
Notario Público número 95 del Distrito Federal -y otros documentos cuya copia
está en poder de Organización Editorial Mexicana (OEM)-, monseñor Guillermo Schulenburg
Prado repartió entre familiares y organizaciones religiosas, más de 15 millones
de dólares que se tenían en sendas cuentas dentro del banco HSBC, así como del
Fideicomiso "Guillermo Schulenburg Prado", manejado a través de la
fiduciaria Merrill Lynch Trust Services.
En los documentos mencionados también se indica que el abad
de la Basílica
de Guadalupe repartió diversas cantidades, entre 300 mil y 500 mil pesos, tanto
entre sus familiares, e incluso otros integrantes de la jerarquía católica.
En su legado, dejó para su familia y organizaciones
religiosas desde joyas, coches de lujo, membresía en el Club de Golf, así como
casas ubicadas en los lugares más exclusivos dentro de las ciudades de México y
Cuernavaca.